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La
Iglesia de San Plácido se asienta sobre uno de los
cerros que domina la cuenca del lago San Roque, coronando
la localidad del mismo nombre que bordea la ruta provincia
que une la Calera con Bialet Masse. Construida sobre el primitivo
“tanque australiano” que provee de agua al sector,
su cúpula se eleva sobre el valle como una blanca ojiva
de base esférica triangular que se hace visible de
muy lejos, más allá de la margen opuesta hasta
las mismas altas cumbres que de noche la ven iluminada.
Al predio de la Iglesia se accede desde la ruta por la avenida
San Plácido, calle de tierra típica de las poblaciones
serranas que remontado una cuesta abrupta, se interna en las
montañas conservando de manera irregular y orgánica
el trazado urbano de calles y parcelarios, la mayoría
de ellos aún no consolidados. Así la Iglesia,
ubicada en lo alto, se repliega bordeando el recodo que dibuja
el camino al llegar a la cima del cerro, para terminar luego
en suave pendiente contraria hasta el pie de las escaleras
que con largos tramos nos llevan al atrio superior, frente
al arco del portal de ingreso.
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El
edificio es una cúpula de tres caras, también
triangulares esféricas, que a modo de cimbras se alzan
de ladrillo con trabado estructural hasta la clave ojival
del arco, donde remata en una linterna que repite el modelo
morfológico de la planta.
Refuerzan la envolvente columnas de Hº Aº con sus
respectivas riostras antisísmicas en la base. La fachada
está calada por ojivas mármol hadas que recortan
aberturas de grandes paños vidriados, destacándose
los correspondientes a la pecina el altar que miran frontalmente
al oeste aprovechando sus visuales. Completan finalmente la
volumetría de la bóveda, un alto campanario
que como lo demás está tratado rústicamente
con revoque bolseado blanco, y la casa del encargado, adosada
funcional y orgánicamente al lenguaje del conjunto.
Respecto a su entorno actual, le sirven de apoyo dos casas
pertenecientes a la fundación San Plácido.
Complementa las actividades de servicio un cuerpo que incluye
el salón de refrigerio de 60 metros cuadrados cubiertos,
de amplias vidrieras y apoyo de cocina, y dos pequeños
locales dispuestos en “ele”, uno es consultorio
médico donde se atendia gratuitamente cuando vivía
el Dr. Piscitello, y el otro “la santería”.
Frente al mismo se encuentran los baños sanitarios
y hacia las montañas el interés se vuelca hacia
la Milagrosa, que tras un claro portal acorde a la arquitectura
de sello benedictino, la huella de un curso natural alcanza
hasta el alto cerro donde la imagen de Nuestra Señora
está erigida.
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